Resumen
“Contestan los que han estado en Madrid, que es mejor el Real Palacio de Valencia, que el que habita el Rey en dicha Villa, en lo espacioso y bien dispuesto, y divertido de quanto pueden alcançar los ojos", con estas palabras se refería el cronista Thomas Guell al Real de Valencia, inmediatamente después de las reformas realizadas en el Palacio para la visita del Rey Felipe V, en 1719, llevado por un exceso de entusiasmo con lo propio del lugar ante un edificio, que ha pasado más bien desapercibido en la historia de la arquitectura, incluso para la propia Valencia. Su demolición en 1810, durante la guerra con los franceses, unida a la escasez de referencias gráficas-algunos planos incompletos, escuetas imágenes en planos genera les de la ciudad, o grabados relativamente tardíos de la fachada principal-, así como a la falta de un análisis histórico y arquitectónico en profundidad, han dado como resultado el casi completo desconocimiento; excepción hecha de los jardines, ensalzados especialmente por los visitantes extranjeros, y de algunos elementos anecdóticos, en especial, la colección zoológica, con leones, osos, ciervos, faisanes o pavos reales, que albergaba el Real y que también fue objeto de admiración
