Resumen
Desde mediados del siglo XVI, dentro del panorama general de la arquitectura de la Corte, la casa de campo comienza a tener una consideración artística de excepción. Se convierte en un objetivo de invención, en equivalencia al palacio o alcázar, a las obras municipales más destacadas, o a las que destinadas a servicios particulares son costeadas por la nobleza, por el municipio, o por la Corona. La creación de la casa de campo, no está desligada de las necesidades concretas artísticas que inspiraron los demás edificios, y en ella convergen las artes, incluso de manera muy particular, y con la misma fuerza vital que acompañó el levantamiento de las obras más señeras
